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Elsa RBrondo
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martes, 15 de abril de 2008

Phillis Wheatley o cómo la poesía puede evidenciar la precrariedad del paria


Ayer, escuché la conferencia de Eleni Varikas (profesora de Teoría Política en la Universidad de París VIII) sobre la figura del paria. Varikas habló entre muchas otras cosas de Phillis Wheatley (mujer, negra, esclava y poeta). Phillis llegó a Boston del Senegal en 1761. Pequeña y desnuda, fue vendida a la familia Wheatley y tomó su primer nombre del barco que la condujo a la esclavitud. La señora Wheatley le enseñó a leer y escribir y Phillis comenzó a temprana edad a escribir poesía. La sociedad de Boston sometió a la joven poeta a un juicio en donde 18 miembros del jurado atestiguaron que realmente era la autora de sus textos. Varikas mencionó la postura de Thomas Jefferson, uno de los detractores de Phillis, quien comparaba a los negros con simios.

Podemos imaginar las implicaciones políticas y éticas de considerar a un "ser inferior" capaz de moverse con soltura e inteligencia por terrenos propios de los "hombres civilizados". Si la esclavitud se hizo posible en Occidente, fue precisamente apoyada en la falacia (artificialmente o no) asumida de que esos "otros" por naturaleza no eran parte de la humanidad.

Phillis Wheatley se emancipó a la muerte de su ama, tuvo un mal matrimonio, tres hijos y murió en la más absoluta pobreza a los treinta años. No le sirvió ser reconocida como la primera escritora negra (y escritor que se conozca) ni sus muchas poesías en donde buscaba integrarse a una sociedad cristiana, civilizada y culta que sentía suya. La literatura más bien la convirtió en un paria, evidenciando con toda la violencia que puede tener la transgresión de ser mujer, negra y poeta, la lejanía de todo lugar. Phillis no podía pertenecer al mundo anglosajón, tampoco al mundo de la esclavitud negra. Aunque ella intentara anunciar la posibilidad en este poema:

One Being Brought From Africa To America

'TWAS mercy brought me from my Pagan land,

Taught my benighted soul to understand

That there's a God, that there's a Saviour too:

Once I redemption neither sought now knew,

Some view our sable race with scornful eye,

'Their colour is a diabolic die.'

Remember, Christians, Negroes, black as Cain,

May be refin'd, and join th' angelic train.

Phillis Wheatley

4 comentarios:

Alan Elías dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alan Elías dijo...

Interesante...

Trae a mi mente el poema ¿Qué color?, de Nicolás Guillén.

http://caballodeletras.blogspot.com/search?q=carb%C3%B3n

Tal vez porque contienen elementos similares, pero abordados mediante recursos muy distintos.

Uno habla del alma de negro como algo que debe o puede ser purificado, el otro afirma que ya lo está:

Negra como el carbón.

Letra Errante dijo...

Gracias por el poema de Nicolás Guillén, Alan. Cuando leí el poema de Phillis Wheatley, pensé en esa asimilación a un mundo de los blancos que sólo le trajo una segregación más violenta, porque quedó en un limbo (sin pertenencia a la sociedad blanca o la sociedad negra). Lo que parece más curioso del poema de Nicolás Guillén es que, siglos de por medio, todavía esté discutiendo (con los matices que señalas) sobre esa línea que el racismo pinta tan bien entre las etnias políticas en Occidente.

Alan Elías dijo...

De nada.

Sí, lo que a mí me da un poco de tristeza en el poema de Wheatley son los dos últimos versos:

Remember, Christians, Negroes, black as Cain,
May be refin'd, and join th' angelic train.


Digo esto porque refleja una condescendencia y resignación ante el pensamiento de los blancos, como si dijera: Sí, soy negra, pero mi alma también puede ser blanqueada, purificada.

Creo que esta lectura (puede haber otras, por supuesto) es válida por lo siguente: Cuando habla de ser negro como Caín se alude radicalmente a un aspecto físico, pues en los tiempos de Wheatley la piel negra era considerada la marca de Caín, con la que Dios lo maldijo por haber asesinado a su hermano. Esta señal, creían, tenía que ser evidentemente visible, no tanto interior, de modo que pudiera ser notada por cualquiera. Por otro lado, hace uso de la expresión angelic train. La palabra angélico en casi todo el mundo occidental es portadora de una larga tradición del color blanco y el dorado como símbolo de lo celestial, lo divino, lo glorioso y lo puro. Así fue concebido en el arte Católico Romano para extenderse después al cristianismo y a la cultura occidental en general. Existen representaciones de ángeles celestiales negros, sobre todo en el catolicismo de América, pero aun así es difícil no utilizar palabras como “diferente” al momento de apreciarlas, lo que significa que la idea de una ortodoxia o un ideal iconográfico existe.

Wheatley entonces da esa muestra agónica de su condición: afirma que le era necesario pasar de un estado malo a otro mejor, aceptaba cargar con el estigma denunciado en su cuerpo por la sociedad: negro, impuro, malo.

Guillén, en cambio, lucha, se resiste desde el primer instante a esa valoración en su poema. Sus versos son de principio a fin una respuesta al epígrafe que eligió. Blanca como la nieve… su sangre debió haber hervido mientras pensaba y escribía, y no digo que la de Wheatley no, si conjeturamos que manejaba la ironía.